Es
muy probable que los huastecos y los totonacos traslaparan sus dominios
conviviendo en el espacio comprendido entre el Tuxpan y el Cazones, Milenios
atrás, los huastecos habían quedado separados del resto de los pueblos que, al
igual que ellos, pertenecían a la familia lingüística maya. Ya para el
Posclásico parecen haberse incrementado los nexos con el Centro, principalmente
con Tula. Este proceso se comprueba en la arquitectura huasteca de sitios como
Tepetzintla, Tamuín o Castillo de Teayo, y en Tula, donde se ha descubierto
cerámica de la Huasteca Además, muchos objetos de comercio, entre ellos
productos suntuarios de cobre, pipas de barro, sellos, malacates, conchas
grabadas y fi- gurillas con ruedas, se comparten en un amplio corredor que va
de las costas del Golfo a las sinaloenses del Pacífico, pasando por Tula. Pese
a las ricas cosechas de maíz y algodón en las feraces tierras huastecas, el
desarrollo de los centros de polación nunca alcanzó el nivel suficiente para
permitir el nacimiento de verdaderos estados. Debe mencionarse también entre la
fina producción cerámica huasteca, la de decoración profusa, polícroma, abundante
en símbolos religiosos, de la que se ha su- puesto influencia mixteca y que
tiene notables ejemplos en San Luis Potosí Sin embargo, es en la escultura
donde el arte huasteco adquiere sus mayores dimensiones de originalidad y
belleza. El tratamiento estilizado y lineal del cuerpo humano ha dado lugar a
que algunas de las figuras sean comparadas con formas de adolescentes. Muchas
de estas esculturas tienen atavíos que nos permiten identificarlas con
Quetzalcóatl o con las divinidades de la muerte, y entre los símbolos que
portan resaltan el gorro cónico peculiar de los dioses del viento y el abanico
de papel plegado que adorna la nuca de los seres del inframundo. Algunas
imágenes son dobles, pues tienen otro cuerpo adosado en el dorso, que puede ser
esquelético. Un motivo escultórico frecuente es el de un extraño personaje
anciano apoya su cuerpo encorvado sobre una gruesa barra, usándola a manera de
bastón. Entre las obras de talla destacan las conchas labradas, de trabajo delicado
y frecuentemente caladas. Los constantes conflictos entre múltiples señoríos
permitieron que los mexicas, codiciosos de los productos tropicales de la
Huasteca, de la bella cerámica y de la abundante producción de textiles finos
de algodón, invadieran la zona a partir del siglo xv y fueran conquistando primero
Tuxpan, Tzicóac y Temapache, y posteriormente Huejutla, Tamuín, Tampatel y
Oxitipa Entre el río Tecolutla y el Cazones se levantaba la imponente ciudad
del Tajín.
Al este del rico suelo californiano, mas allá de la sierra nevada, se extiende el área conocida como la Gran Cuenca, contrastante por su escasez de recursos. Es un territorio arido, impropio para el cultivo. Sus pobladores utes, paiutes, shoshones, entre otros. Vivían en montañas y valles , contaban con una pobreza de vegetación de hierbas, arbustos y arboles de climas extremosos y secos apenas permitía la subsistencia de pequeños grupos familiares. En la Gran Cuenca la actividad económica primordial era de recolección de piñones, durante el otoño se acumulaban estas y otras semillas en cuevas y abrigos rocosos, lugares donde, mas tarde, el hombre se refugiaría de las inclemencias invernales. Si bien es cierto que en el norte y el de este de la Gran Cuenca podían cazarse alces, osos y bisontes. Entres las técnicas cinegeticas se acostumbraba envenenar las flechas con ponzoña de víboras de cascabel, vísceras podridas y jugos tóxicos de una planta.

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