Esto no quiere decir que desconozcamos las significativas particularidades
culturales e históricas de cada región. Baste recordar que para estos últimos
la conquista española llegó mucho más de siglo y medio después de la caída de
los reinos del norte y del sur. Se les ha llamado «mexicanos» desde hace mucho
tiempo, lo que no sólo es desorientador e inadecuado, sino anacrónico. No puede
utilizarse un nombre étnico para definir un fenómeno en el que participaron un
gran número de grupos, incluyendo pueblos mayas. Debido a que el desarrollo de
los acontecimientos fue distinto en cada una de las zonas del Sureste, los especialistas
han establecido distintas periodizaciones para su estudio. Empecemos con el
dificilísimo problema de cronología de la zona norte, es decir, de la mayor
parte de la Península de Yucatán. En efecto, en el Posclásico quedó en desuso
el preciso cómputo maya de la cuenta lar Ya no era preciso registrar la
historia por un medio tan complejo y oneroso, pues el poder derivaba de otro
tipo de relaciones con los dioses. En su lugar se empleaba un sistema
simplificado, llamado rueda de los katunes, cuyos signos se repiten cada 256.26
años. En el primero, el Posclásico Temprano fusionaron la tradición de los
invasores de fuertes tintes toltecas- con la de la región peninsular del Puuc, predominó
politicamente Chichen Itzá y prevaleció la cerámica Sotuta. Siguió un periodo
de transición que se caracteriza por la presencia de los tipos cerámicos del
Complejo Hocabá. Por último, se vivió un periodo de decadencia cultural a
partir de la destrucción de Mayapán, mismo que se caracteriza por la definitiva
fragmentación política que llevó a los numerosos reinos a un permanente
conflicto bélico. También vale la pena mencionar la periodización que Jeremy
Sabloff y E. Wyllys Andrews han difundido desde 1986. De acuerdo con este
planteamiento divergente, el Clásico Terminal se extendería varios siglos más,
hasta la caída de Chichén Itzá. En las escenas bélicas los dirige la Serpiente
Emplumada y, por si esto fuera poco, la tradición los asocia a un gobernante
llamado Kukulcán, nombre que, como el de Quetzalcóatl, significa «Serpiente
Emplumada».
Al este del rico suelo californiano, mas allá de la sierra nevada, se extiende el área conocida como la Gran Cuenca, contrastante por su escasez de recursos. Es un territorio arido, impropio para el cultivo. Sus pobladores utes, paiutes, shoshones, entre otros. Vivían en montañas y valles , contaban con una pobreza de vegetación de hierbas, arbustos y arboles de climas extremosos y secos apenas permitía la subsistencia de pequeños grupos familiares. En la Gran Cuenca la actividad económica primordial era de recolección de piñones, durante el otoño se acumulaban estas y otras semillas en cuevas y abrigos rocosos, lugares donde, mas tarde, el hombre se refugiaría de las inclemencias invernales. Si bien es cierto que en el norte y el de este de la Gran Cuenca podían cazarse alces, osos y bisontes. Entres las técnicas cinegeticas se acostumbraba envenenar las flechas con ponzoña de víboras de cascabel, vísceras podridas y jugos tóxicos de una planta.

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